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VIH en 2020: suspenso por COVID-19

La lucha contra el VIH se saldó en 2020 con un preocupante suspenso. El informe de ONUSIDA de ese año revelaba que los objetivos previstos no se cumplirán. La pandemia de COVID-19 arriesga a echar por la borda buena parte de los logros conseguidos en los últimos años.

JULIO 2021

Las cifras son concluyentes: 3,5 millones más de infecciones por VIH y 820.000 muertes más relacionadas con el sida desde 2015. Solo en 2019, 1,7 millones de personas contrajeron un virus que, directa o indirectamente, mató a otras 690.000. Esa cifra triplica el objetivo previsto para 2020.

Millones de vidas se han salvado y millones de nuevas infecciones por VIH han sido prevenidas con la extensión de las terapias antirretrovirales, pero 12,6 millones de los 38 millones de personas que viven con VIH en el mundo aún no tienen acceso al tratamiento. ONUSIDA se había marcado unas metas para el año pasado, pero las estadísticas ponen negro sobre blanco un fracaso colectivo. No sólo eso: el cumplimiento de esas metas podría retrasarse al menos una década si la pandemia por COVID-19 sigue provocando graves interrupciones en los programas y servicios de prevención y atención, como parece constatarse.

El informe de la agencia de la ONU encargada de hacer frente al VIH y sida de julio de 2020, hecho público en un acto virtual celebrado en Ginebra (Suiza), refleja avances, sí, sobre todo en el acceso a los tratamientos; pero son avances muy desiguales. El informe ‘Aprovechando el momento’, también elaborado por ONUSIDA, advierte que los logros obtenidos durante cuarenta años de lucha podrían echarse por la borda si no se actúa a tiempo. Ese mismo documento pone de manifiesto la necesidad de que los países dupliquen sus esfuerzos en la respuesta al VIH y actúen con mayor urgencia para llegar a los millones de personas que se están quedando atrás.

“Incluso antes de la aparición de la COVID-19, el mundo no estaba en camino de alcanzar sus objetivos en 2020, pero ahora la nueva pandemia amenaza con arruinar todos los esfuerzos. El sida sigue siendo una pandemia mundial alimentada por las desigualdades y millones se están quedando atrás. Es muy preocupante”, declaró en la presentación Winnie Byanyima, directora ejecutiva de ONUSIDA.

“Incluso antes de la aparición de COVID-19, el mundo no estaba en camino de alcanzar su objetivo de acabar con el VIH como amenaza para la salud pública para 2030”
“No podemos tomar dinero de una enfermedad para tratar otra. Las respuestas tanto para el VIH como para la COVID-19 deben estar totalmente financiadas para evitar la pérdida masiva de vidas”
“Deberíamos estar indignados porque tenemos los métodos, el compromiso y las herramientas para prevenir cada una de las nuevas infecciones, pero no estamos alcanzando a la gente”

Winnie Byanyima

directora ejecutiva de ONUSIDA

En 2020 catorce países habían alcanzado el triple objetivo 90–90–90 (que el 90% de las personas que viven con el VIH conozca su estado serológico; que el 90% de los que conocen dicho estado tenga acceso al tratamiento; y que el 90% de las personas en tratamiento tenga la carga viral suprimida). Siete de ellos son africanos. Y entre ellos, Eswatini (antes, Swazilandia), que tiene una de las tasas de prevalencia de VIH más altas del mundo (27% en 2019), pero que ya está en el camino del 95-95-95 previsto para 2030. “No podemos relajarnos con nuestros éxitos ni desanimarnos por los contratiempos. Debemos asegurarnos de que nadie se quede atrás. Debemos cerrar las brechas. Estamos apuntando al 100–100–100”, aseguraba Ambrose Dlamini, primer ministro de ese país.

Los datos de ONUSIDA confirman progresos en África Oriental y Meridional. Allí, las nuevas infecciones por VIH se han reducido en un 38% desde 2010, si bien siete de cada diez portadores del virus se encuentran en el continente, con un millón de contagios solo allí y 440.000 fallecimientos. Europa Oriental y Asia Central, en cambio, han experimentado un increíble aumento del 72% en esta década. Las nuevas infecciones también han aumentado en un 22% en Oriente Medio y América del Norte, y en un 21% en América Latina.

El documento ‘Aprovechando el momento’ confirma que demasiadas personas y poblaciones vulnerables se ven rezagadas. Un 62% de las nuevas infecciones por VIH tuvo lugar entre hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, trabajadores y trabajadoras del sexo, personas que se inyectan drogas y personas privadas de libertad, a pesar de que estas comunidades constituyen una proporción muy pequeña de la población general.

Además, el estigma contra las personas que viven con VIH sigue siendo común: al menos 82 países penalizan alguna forma de transmisión, exposición o no divulgación del VIH; el trabajo sexual está criminalizado en 103 países y 108 países penalizan el consumo o la posesión de drogas para uso personal. “Se requiere de una acción decisiva todos los días de la próxima década para que el mundo retome su camino y ponga fin a la epidemia de sida para el año 2030. Se han salvado millones de vidas, particularmente vidas de mujeres en África. Pero el progreso realizado por muchos debe ser compartido por todas las comunidades en todos los países. El estigma, la discriminación y las desigualdades generalizadas son barreras importantes para poner fin al sida. Los países necesitan orientarse por la evidencia y cumplir con sus responsabilidades con los derechos humanos”, exige Byanyima.

Para combatir las epidemias convergentes de VIH y COVID-19, ONUSIDA y sus socios lideran un llamado para una vacuna universal contra el coronavirus que ha sido firmado por más de 150 líderes mundiales y expertos. Todos ellos exigen que todas las vacunas, tratamientos y pruebas sean libres de patentes, producidos en masa y distribuidos de manera justa y gratuita para todos. ONUSIDA también insta a los países a aumentar las inversiones para enfrentar ambas enfermedades.

“Como antes con el VIH, la pandemia por COVID-19 muestra las fragilidades del mundo, y entre ellas las injusticias sociales y económicas crónicas y las inadecuadas inversiones en salud pública. En muchas partes del mundo, la nueva pandemia choca con la lucha contra el VIH. Y ésta es aún un desafío enorme que no ha acabado. Las desigualdades de género, la violencia sexual y la criminalización y discriminación de grupos vulnerables siguen estando ahí muy presentes. Esta crisis es una llamada a hacer las cosas de manera diferente”

Antonio Guterres

secretario general de la ONU

En los últimos dos años la financiación para la lucha contra el VIH cayó un 7%. Al final de 2019 alcanzó los 18.600 millones de dólares, un 30% menos que los 26.200 millones necesarios para responder eficazmente al VIH en 2020. El cierre de fronteras, las limitaciones al transporte y el resto de medidas restrictivas para frenar la COVID-19 están complicando y encareciendo la producción y la distribución de los antirretrovirales. El coste de los que fabrica India, uno de los principales productores del mundo, puede aumentar entre un 10% y un 25%.

La escasez ya se ha hecho notar: 73 países advertían al final del año pasado que estaban en riesgo de quedarse sin fármacos y 24 de ellos se hallaban en una situación muy grave, con la particularidad de que en estos últimos viven 8,3 millones de personas que están en tratamiento, es decir, un tercio del total mundial, según la OMS.

CIFRA

1,7 mill

Número de personas que contrajeron el VIH en todo el mundo en 2019.

CIFRA

690.000

Número de personas que fallecieron en el mundo por causas relacionadas con el VIH o el sida

CIFRA

-7%

La financiación global para la lucha contra el VIH ha caído un 7% entre 2017 y 2019. Asciende a 18.600 millones de dólares, lejos de los 26.200 millones que la OMS considera necesarios.

CIFRA

82

Número de países en el mundo que penalizan alguna forma de transmisión, exposición o no divulgación del VIH.

Y no es solo el problema del envío de fármacos: los periodos de cuarentena suponen una complicación extra a la hora de acudir al médico para pedir un diagnóstico o recibir un tratamiento. “No podemos tener países pobres al final de la fila. Las personas no deben depender del dinero en su bolsillo o del color de su piel para protegerse contra estos virus mortales. No podemos tomar dinero de una enfermedad para tratar otra. En uno de cada cuatro países estudiados los servicios de transmisión se han visto interrumpidos por la pandemia. La respuesta tanto para el VIH como la COVID-19 deben estar totalmente financiados para evitar la pérdida masiva de vidas», denuncia Winnie Byanyima.

TRATAMIENTO EN CASCADA GLOBAL (2019)

El objetivo 90-90-90 aún está lejos de conseguirse en el mundo. Por el momento, a finales de 2019, el 81% de las personas que viven con el VIH conocía su estado serológico y el 67% recibía tratamiento antirretroviral. Eso supone 25,4 millones de los 38 millones de personas que viven con VIH, una cifra que se ha más que triplicado desde 2010. Pero sólo un 59% de ellos ha conseguido suprimir su carga viral, lejos del 73% previsto para 2020. Con todo, en los últimos cuatro años se ha registrado un avance de dieciocho puntos.

Referencias y Bibliografía

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