En 2024, solo el 55% de los niños con VIH recibía tratamiento, frente al 77% de los adultos. Los niños representan el 12% de las muertes relacionadas con el sida pese a ser apenas el 3% de los que viven con el virus.
Las mujeres jóvenes siguen siendo uno de los grupos más vulnerables: 210.000 adolescentes y mujeres de 15 a 24 años se infectaron en 2024, sobre todo en África. Además, persisten las brechas de género: los hombres tienen menos acceso al tratamiento y menores niveles de supresión viral.
Las llamadas “poblaciones clave” — trabajadoras sexuales, personas trans, hombres que tienen sexo con hombres, personas que usan drogas inyectables y población carcelaria— concentran el 80% de las nuevas infecciones fuera de África subsahariana y alrededor del 25% dentro de la región.
El entorno legal no ayuda: por primera vez desde que Onusida lo registra, aumentó el número de países que criminalizan a las poblaciones en mayor riesgo.
Esta marea punitiva, sumada a la desinformación y a la violencia de género, sabotea la efectividad de cada euro invertido en prevención y tratamiento y expulsa a la gente de los servicios.



