Francisco Javier Membrillo de Novales es el nuevo presidente de la Sociedad de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC). Releva en el cargo a Federico García. Liderará la sociedad durante los próximos dos años. Membrillo reflexiona aquí sobre los retos del sistema sanitario, la falta de especialistas en infecciosas y los desafíos de la salud pública. Responde rápido, lo tiene claro.
¿Cómo se plantea su nueva etapa al frente de la SEIMC?
Como un honor, por supuesto, y también como un reto. La verdad es que la SEIMC es una sociedad que funciona de forma excelente. Estamos a punto de llegar a los 5.000 socios, tenemos 17 grupos de estudio y cinco grupos de trabajo, y organizamos un congreso con casi 2.000 asistentes. Nos cuesta encontrar palacios de congresos en los que en la inauguración no se quede la gente de pie y en la clausura no haya quien se siente en los pasillos. Es una sociedad que funciona muy bien, con una situación económica favorable, lo que nos permite hacer cada vez más actividades de investigación y de docencia. Un modelo de éxito. El reto ahora es mantener ese nivel y seguir creciendo.
La formación continuada es clave en esta especialidad. ¿Qué tipo de formación y en qué áreas se centran?
Lo primero que tenemos que resolver es algo urgente: España sigue siendo el único país de la Unión Europea sin especialidad de enfermedades infecciosas, y eso afecta a la formación. Desde la sociedad, intentamos paliarlo con el máster de la SEIMC o con nuestros cursos de formación continuada. Nuestra plataforma Campus SEIMC ya supera los 40.000 inscritos de España y Latinoamérica. Hemos presentado una solicitud formal para obligar al Ministerio de Sanidad y a las comunidades autónomas a cumplir los plazos legales para su creación. Tras tres años esperando un consenso entre todos los actores, la situación se ha dilatado indefinidamente. Pero cumplimos todos los criterios del Real Decreto que regula cómo se crea una especialidad en España, así que esperamos una respuesta en los próximos seis meses.
¿Por qué es tan importante reconocer la especialidad?
Por tres razones: por los pacientes, por la formación y por la equidad. Primero, porque muchos pioneros en infecciosas, que se formaron fuera en los 80 y montaron los primeros servicios en España, se están jubilando y no garantizamos el relevo.Segundo, porque la formación depende ahora de la voluntad individual: el residente de medicina interna que quiere dedicarse a infecciosas tiene que buscar por su cuenta rotaciones, másteres y cursos. Y cuando se presenta a una oposición, la mayoría de las preguntas del temario no tiene nada que ver con su área. Así es difícil que los nuevos médicos elijan este camino. Y tercero, porque sin especialistas no hay equidad. Hay hospitales con unidades excelentes de infecciosas y otros que no tienen ninguna. Si acudes a urgencias un sábado por la noche y no hay quien sepa darte una profilaxis pos-exposición (PEP) o ajustar un tratamiento, la calidad de tu atención depende del código postal. En 2025, eso es inexplicable.
En VIH, ¿qué conocimientos deberían reforzarse entre los profesionales?
Sigue siendo un virus sobre el que hay que reforzar la formación. Tenemos profesionales de primer nivel mundial, pero, entre los que no se dedican específicamente al seguimiento de personas con VIH, todavía hay mucho desconocimiento. Por ejemplo, sobre infecciones de transmisión sexual que pueden coexistir con el virus o sobre el concepto indetectable = intransmisible, que muchos médicos aún no conocen. La SEIMC, además, es una sociedad multidisciplinar: agrupa no sólo a infectólogos y a microbiólogos clínicos sino también a internistas, intensivistas, anestesistas, médicos de familia, preventivistas… Todos se nutren de nuestras actividades formativas, y eso nos da la oportunidad de difundir estos conceptos más allá de los servicios de infecciosas.
Hoy, el VIH puede parecer una patología controlada…
Sí, tenemos tratamientos muy eficaces y cada vez con más opciones de administración prolongada. Pero no debemos olvidar al paciente complejo: el que presenta resistencias, infecciones derivadas de inmunosupresión o incluso una neoplasia. Ese paciente sigue necesitando profesionales especializados y experiencia acumulada.
“La mitad de las informaciones de sanidad en los medios son sobre enfermedades infecciosas, pero no tenemos la especialidad; es una contradicción que hay que resolver”
La microbiología es clave en el diagnóstico. ¿Qué cambios deberían producirse?
En microbiología clínica tenemos una alta excelencia. La clave del éxito de la SEIMC es precisamente la integración de infectólogos y microbiólogos. Hay que fomentar eso. No podemos tratar a un paciente con VIH con resistencias si no tenemos los datos del laboratorio, y de nada sirve el trabajo del microbiólogo si el clínico no ajusta el tratamiento con rapidez. Así es en Europa. Hemos impulsado la Alianza Latinoamericana de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica para fomentar en las sociedades de infectología latinoamericanas esa interrelación; lo estamos consiguiendo.
¿Se puede mejorar el acceso a los resultados de microbiología?
Sí, todavía hay centros que deben enviar las muestras a otros hospitales y tardan días, o incluso meses, en obtener los resultados. Eso retrasa el inicio del tratamiento o condiciona las decisiones del clínico. Necesitamos que todos los centros tengan acceso ágil al genotipado de resistencias para poder aplicar la estrategia “test and treat” desde el primer día. En muchos casos, el servicio de microbiología avisa de inmediato cuando hay un positivo. Pero no siempre está claro a quién deben llamar en cada hospital o centro de salud. A veces, al otro lado del teléfono no hay nadie que entienda que ese paciente debe ser localizado, informado y tratado ese mismo día. Además, hay que adaptar la comunicación a sus condicionantes socioculturales o religiosos. Es un proceso que requiere coordinación real.
Otro tema importante es el diagnóstico precoz. ¿Qué avances se están haciendo?
Desde la SEIMC colaboramos en iniciativas de éxito, como Deja tu huella, en la que se protocoliza la prueba del VIH a determinados pacientes que acuden a urgencias por otras patologías. Está revelando muchos casos ocultos. Donde debemos avanzar más es en atención primaria. Hay personas que nunca llegan al hospital y podrían presentar infecciones relacionadas con el VIH, como neumonía adquirida en la comunidad o herpes zóster. Tenemos que implicar más a los médicos de familia y lanzar iniciativas conjuntas para que interioricen cuándo hay que sospechar e identificar posibles casos.
“No debemos olvidar al paciente complejo: el que presenta resistencias, infecciones derivadas de inmunosupresión o incluso una neoplasia. Ese paciente sigue necesitando profesionales especializados y experiencia acumulada”
¿Faltan campañas de concienciación?
Tenemos que recordar el “Póntelo, pónselo”. Fue una campaña de éxito, consiguió lanzar un mensaje a toda la población. Hoy, en cambio, se está perdiendo el miedo a las infecciones de transmisión sexual, y eso es un problema. Tenemos herramientas muy buenas, como la PrEP, pero los estudios dicen que apenas llega al 10% de quienes deberían recibirla. En los 80, bastaba con emitir un mensaje en los dos canales de televisión que había. Ahora, aunque tenemos más acceso a la información gracias a las redes sociales, paradójicamente es más difícil llegar a todos los segmentos de la población. Hay que hacer campañas más sectorizadas, adaptadas a distintas poblaciones, culturas y nacionalidades. En España vivimos con millones de personas nacidas en otros países y hay que entender sus factores culturales y religiosos. Lo vimos, por ejemplo, con la viruela del mono: llegar a los hombres que tienen sexo con hombres, que fueron el 97% de los casos, sin estigmatizar, fue un equilibrio muy complejo.
La edad media de las personas con VIH ha subido mucho. ¿Qué desafíos plantea esto?
Efectivamente, la mitad ya ha superado los 50 años. Y eso está por escribir: estamos, literalmente, escribiendo la geriatría del VIH. Gracias a los avances, la mayoría de las personas que viven con el virus tiene hoy una esperanza de vida similar al resto de la población. El reto ahora es gestionar los efectos secundarios de décadas de tratamiento, las interacciones con otros fármacos propios de la edad y el aumento del riesgo cardiovascular. Tenemos que ampliar el conocimiento a geriatras, internistas, trabajadores sociales y al personal de residencias, eliminando el estigma que aún persiste.
“La especialidad es necesaria por los pacientes, por la formación y por la equidad. Sin especialistas no hay equidad: Hay hospitales con unidades excelentes de infecciosas y otros que no tienen ninguna”
Gripe aviar, Covid, virus del Nilo… ¿Está España preparada para responder ante una nueva crisis sanitaria?
Cada vez hay más epidemias y pandemias, y no es sólo porque ahora tengamos más información. Hay factores objetivos: los viajes internacionales, el cambio climático, los nuevos vectores de transmisión… Estamos mejor preparados, sí. Hemos mejorado el diagnóstico microbiológico y la capacidad de respuesta, aunque todavía hay quien pretende reducir guardias de microbiología 24/7, y eso sería un error. También, hay más conciencia y reservas estratégicas de antivirales, respiradores o equipos de protección. Pero aún nos falta elasticidad. Si cada invierno volvemos a escuchar “no acuda al hospital” por la gripe, es que el sistema sigue sin estar preparado del todo. Hay algo que resulta sorprendente: la mitad de las informaciones de sanidad que vemos en los medios tiene que ver con enfermedades infecciosas, y, sin embargo, en España no existe la especialidad de enfermedades infecciosas. Es una contradicción que debemos resolver cuanto antes.
El objetivo de la Agencia Estatal de Salud Pública es reforzar la preparación frente a futuras pandemias. ¿Qué funciones debe tener?
Debe ser un papel central. No puede ser solo una agencia de epidemiología. En la mesa de respuesta ante una pandemia tiene que haber clínicos que sepan tratar y microbiólogos que sepan diagnosticar. Pienso en el modelo de Reino Unido: su agencia de salud pública tiene un servicio de fiebre importada al que cualquier médico del país puede llamar 24/7 si atiende a un paciente con fiebre tras un viaje al extranjero. Al otro lado, hay epidemiólogos, infectólogos y microbiólogos que orientan el diagnóstico y el tratamiento. Eso es lo que necesitamos aquí: una agencia despolitizada, desbloqueada y con participación real de los profesionales.
Por último, ¿cómo se puede incentivar la innovación en nuevos antibióticos?
Es complicado. Los antibióticos nuevos para tratar infecciones multirresistentes los reservamos para casos graves, precisamente para evitar que generen resistencias. Pero eso hace que a las empresas no les resulte rentable desarrollarlos. Necesitamos modelos de colaboración público-privada. En Reino Unido, por ejemplo, se han establecido acuerdos por los que el sistema sanitario paga un precio fijo a la farmacéutica, se use mucho o poco el antibiótico. Así, se evita la presión comercial y se garantiza la sostenibilidad. Hay que recordar que de cada cien antibióticos que comienzan la fase de investigación solo uno llega al mercado, y el proceso tarda entre 10 y 15 años. Si no hay retorno, nadie invierte. Y lo mismo ocurre con situaciones especiales, como el bioterrorismo: necesitamos antídotos para bacterias que no vemos a diario, pero si no hay incentivos, nadie los desarrollará.