En España, la profilaxis preexposición (PrEP) está disponible desde 2019 dentro del sistema público. Es gratuita, eficaz y reconocida internacionalmente como una de las estrategias más efectivas frente al VIH.
Los números son modestos, pero en claro crecimiento: hasta mayo de 2024, 28.798 personas estaban en tratamiento preventivo; hoy, unas 35.000, la mayoría hombres que tienen sexo con hombres.
“Quedan fuera, una vez más, quienes más lo necesitan: mujeres trans, trabajadoras sexuales, migrantes, personas que usan drogas, mujeres cis y otros grupos históricamente en la periferia del sistema sanitario”, explica Anaïs Corma-Gómez, investigadora principal del nuevo proyecto ExPrEPsso, que ha recibido la beca Research Scholars Program de Gilead Sciences en el área de la virología. “Las barreras no son solo clínicas, sino también sociales y estructurales: falta de información, percepción baja del riesgo, estigma y discriminación limitan la demanda y la continuidad”.
En teoría, la PrEP debería estar al alcance de cualquiera. En la práctica, el acceso se concentra en hospitales con horarios rígidos, escasez de recursos y trámites que se vuelven murallas in- visibles. A ello se suman factores que trascienden la medicina: miedo, precariedad, soledad y prejuicios. “El modelo centralizado actual deja demasiada gen- te atrás”, admite Corma-Gómez, especialista del Hospital Clínico-Malvarrosa de Valencia. “ExPrEPsso nace para cambiar eso, para demostrar que se puede acercar la prevención a la vida cotidiana, sin barreras ni etiquetas”.
El nombre del proyecto no es casual. Suena a café rápido: algo que se pide, se recibe y acompaña. La metáfora está pensada: una prevención directa, accesible, que no se enfríe antes de llegar a las manos correctas. El estudio propone un modelo de unidades móviles que llevan la PrEP, pruebas rápidas de VIH e ITS directamente a las calles, a los hot spots de las comunidades. La idea es simple: que la prevención salga a buscar a la gente.
El piloto arrancará en Valencia, ciudad diversa y desigual con brechas claras en salud sexual. El primer paso será identificar los puntos calientes mediante un análisis geoespacial participativo junto a oenegés locales. “El mapeo se hará en colaboración con las entidades comunitarias, que aportan su conocimiento directo de las dinámicas sociales y los espacios donde viven o trabajan las poblaciones con menor acceso al sistema sanitario”, explica Corma-Gómez. Luego, las unidades se anunciarán a través de las propias oenegés, redes sociales y campañas informativas. No será un camión médico cualquiera, sino un punto visible y seguro, atendido por equipos mixtos —personal sanitario y agentes comunitarios— que ofrecerán acompañamiento y educación sanitaria.
“El espíritu es el mismo que guía las mejores ideas de salud pública: cuidar a quien no suele ser cuidado”, resume Corma-Gómez. “Queremos demostrar que un modelo mixto médico-comunitario mejora el acceso, la adherencia y la retención en los programas de PrEP”.
Cada persona que se acerque recibirá información personalizada, podrá hacerse pruebas y, si lo desea y cumple los requisitos, iniciar el tratamiento preventivo. Después, el equipo mantendrá contacto telefónico o telemático para resolver dudas o programar visitas. “El acompañamiento posterior es esencial”, añade. “El seguimiento estará coordinado entre el hospital y las entidades comunitarias, con peer navigators que mantendrán el vínculo y apoyarán la adherencia. Además, se ofrecerá un itinerario adaptado a cada persona, con derivación a salud mental, adicciones o apoyo social si es necesario”.
El papel de las oenegés es clave. “Aportan confianza, cercanía y legitimidad entre las poblaciones más vulnerables, algo que el sistema sanitario por sí solo no siempre logra. Son quienes mejor conocen las realidades sociales, culturales y emocionales”, señala la investigadora. En ExPrEPsso participarán desde el inicio: en la identificación de puntos, reclutamiento, educación y seguimiento.
El proyecto también ofrecerá tratamiento in situ de ITS y derivación a especialistas cuando sea necesario. “La PrEP forma parte de una estrategia de prevención combinada”, aclara Corma-Gómez. “No se limita al fármaco, sino que integra educación sanitaria, cribado y tratamiento”.
El estudio medirá su impacto: nivel de conocimiento de la PrEP antes y después, adherencia a seis y doce meses, tasas de infección por VIH y otras ITS, y motivos de discontinuación. También explorará preferencias de uso y espacios más cómodos para recibir el servicio. Pero más allá de los datos, ExPrEPsso busca demostrar que la prevención puede ser cercana, comunitaria y humana. Que la salud pública también puede oler a café recién hecho, si se sirve a la temperatura correcta. “La PrEP salva vidas, pero solo si llega a quienes más la necesitan”, afirma Corma-Gómez. Experiencias previas con unidades móviles en otros países ya demostraron su eficacia y coste-efectividad para el diagnóstico y tratamiento de hepatitis C en poblaciones excluidas. En América Latina, el estudio ImPrEP mostró menor persistencia de la PrEP en jóvenes, mujeres trans o personas con menos recursos, justo los grupos a los que apunta ExPrEPsso.
España, dice la coordinadora, tiene la oportunidad de dar el siguiente paso hacia la descentralización. “Nuestro sistema ha avanzado al incorporar la PrEP, pero sigue siendo hospitalario y centralizado”, explica. “Existen experiencias piloto que prueban que un enfoque más cercano y flexible es posible, como los programas de hepatitis C o cuidados paliativos en domicilio”.
Corma-Gómez destaca una novedad importante: “La futura dispensación de PrEP en farmacias, impulsada por el Ministerio de Sanidad, puede ser un cambio decisivo si se acompaña de circuitos más simples y menos burocráticos”. La propuesta es una alianza entre la solidez del sistema y la capacidad de respuesta del sector comunitario, para que la prevención llegue por todas las vías posibles.
“El siguiente paso es avanzar hacia un modelo mixto que combine lo mejor de ambos mundos: la estructura del sistema sanitario y la cercanía del trabajo comunitario. Necesitamos formación, recursos reforzados y campañas que reduzcan el estigma. Solo así la PrEP será realmente universal”, concluye la investigadora.