La Conferencia Internacional sobre el Sida AIDS 2026 ha dejado una conclusión tan esperanzadora como incómoda. La ciencia dispone de mejores herramientas que nunca para prevenir y tratar el VIH. Pero Río de Janeiro también ha lanzado una advertencia política muy clara. Los recortes de financiación, las desigualdades y el retroceso de los derechos pueden hacer perder en pocos años una parte de lo conseguido durante décadas. El gran desafío ya no es únicamente descubrir cómo frenar el virus, sino conseguir que los avances lleguen a quienes los necesitan.
La 26ª Conferencia Internacional sobre el Sida, celebrada en Río de Janeiro del 26 al 31 de julio, tenía un lema pensado para el momento que atraviesa la respuesta mundial al VIH: Rethink. Rebuild. Rise. Repensar, reconstruir y levantarse. No era una frase de marketing. Era casi un diagnóstico.
AIDS 2026 reunió a científicos, médicos, responsables políticos, organizaciones internacionales, activistas y personas con VIH en un momento paradójico. La investigación avanza con enorme rapidez, mientras que los programas que deben convertir esos avances en salud pública atraviesan una de sus mayores crisis financieras.
Los datos explican esa aparente contradicción. En 2025 vivían con VIH unos 40,9 millones de personas en todo el mundo. Se produjeron aproximadamente 1,2 millones de nuevas infecciones y 570.000 personas murieron por enfermedades relacionadas con el sida. Son cifras muy inferiores a las de los peores años de la epidemia —las muertes han disminuido un 57% desde 2010 y las nuevas infecciones un 43%—, pero continúan muy lejos del objetivo de acabar con el sida como amenaza para la salud pública en 2030. Unos 32,1 millones de personas recibían tratamiento antirretroviral en 2025.
Quizá la idea que mejor resume AIDS 2026 sea que la ciencia está avanzando más deprisa que la capacidad política para garantizar que sus avances lleguen a todo el mundo.
Beatriz Grinsztejn, presidenta de la International AIDS Society (IAS) y copresidenta de la conferencia, situó desde el inicio el problema en esos términos. Las nuevas tecnicas de prevención y tratamiento pueden cambiar el curso de la epidemia, pero necesitan financiación estable, voluntad política y acceso equitativo. En América Latina, además, el debate sobre el precio y la disponibilidad de las nuevas herramientas adquirió especial importancia.
El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, insistió en que el mundo no debía utilizar la crisis actual para rebajar sus objetivos. Su propuesta fue precisamente la contraria: integrar mejor los servicios, hacerlos más sencillos y centrados en las personas, reforzar el liderazgo de los países y de las comunidades y proteger las inversiones que han demostrado funcionar.
La OMS presentó en Río su evaluación de mitad de periodo de las estrategias mundiales sobre VIH, hepatitis víricas e infecciones de transmisión sexual. El diagnóstico es inequívoco: se han producido avances, especialmente frente al VIH, pero el mundo no está actualmente en la trayectoria necesaria para alcanzar las metas de 2030.
Jarbas Barbosa, director de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), trasladó esa misma reflexión a América. La región dispone de PrEP oral, prevención inyectable de larga duración, pruebas rápidas, autotest y tratamientos. El problema continúa siendo que todas esas herramientas no llegan por igual a quienes las necesitan.
Uno de los asuntos políticos que recorrió prácticamente toda la conferencia fue la financiación.
La crisis vivida durante 2025 demostró hasta qué punto los programas contra el VIH continúan dependiendo de decisiones políticas tomadas a miles de kilómetros de las personas que reciben tratamiento o prevención. ONUSIDA ha advertido de que los cambios en la financiación internacional amenazan con frenar e incluso revertir parte de los avances. La ayuda internacional al desarrollo cayó con fuerza durante 2025 y los programas de VIH se vieron especialmente afectados.
La fotografía que dejó PEPFAR, el histórico programa estadounidense contra el sida, fue especialmente significativa.
Un estudio presentado en AIDS 2026 analizó la situación de 166 organizaciones que implementaban programas financiados por PEPFAR en 46 países. Más de la mitad había sufrido la cancelación de al menos una ayuda. Como consecuencia, se habían cerrado 1.714 puntos de prestación de servicios, entre ellos más de mil instalaciones sanitarias públicas. También se notificaron problemas para disponer de preservativos, pruebas de laboratorio, PrEP y medicamentos antirretrovirales.
Otro análisis mostró una consecuencia especialmente preocupante entre los niños. En 2025 hubo 77.163 menores menos que recibieron apoyo terapéutico de PEPFAR respecto al año anterior, una caída del 14,2%. En Sudáfrica el descenso alcanzó aproximadamente los 30.880 niños.
Río convirtió así una discusión presupuestaria en una cuestión sanitaria muy concreta. Cuando desaparece financiación no desaparecen columnas de una hoja de cálculo. Pueden desaparecer centros, profesionales, pruebas diagnósticas, preservativos, programas de prevención o seguimiento de pacientes.
AIDS 2026 se celebró apenas un mes después de que Naciones Unidas aprobara una nueva Declaración Política sobre VIH y sida, en la reunión de alto nivel celebrada en Nueva York los días 22 y 23 de junio.
Los países reafirmaron el objetivo de acabar con el sida como amenaza para la salud pública en 2030, mantener las metas 95-95-95 —que el 95% de las personas con VIH conozca su diagnóstico, que el 95% de las diagnosticadas reciba tratamiento y que el 95% de las tratadas alcance supresión viral— y reforzar la prevención, la eliminación de la transmisión vertical y la integración del VIH en los sistemas sanitarios.
La declaración fija además la necesidad de movilizar alrededor de 21.900 millones de dólares anuales para la respuesta al VIH en los países de ingresos bajos y medios de aquí a 2030.
La nueva Estrategia Mundial contra el Sida 2026-2031 plantea asimismo dos grandes objetivos cuantitativos para 2030: alrededor de 40 millones de personas con VIH en tratamiento y con supresión viral y 20 millones de personas con acceso a opciones de prevención basadas en antirretrovirales.
Pero Río añadió una pregunta inevitable: ¿cómo se cumplen esos compromisos si disminuye el dinero disponible?
Río también dejó resultados menos espectaculares para el gran público, pero muy relevantes para la investigación.
Un estudio siguió a 79 adolescentes sudafricanos que habían adquirido el VIH durante el periodo perinatal y comenzaron el tratamiento antirretroviral durante la infancia. Muchos llevan alrededor de 16 años bajo seguimiento.
Los investigadores analizaron simultáneamente muestras de sangre y líquido cefalorraquídeo. Entre los adolescentes con el virus suprimido en sangre, un 19% continuaba mostrando actividad inmunitaria específica frente al VIH en el líquido cefalorraquídeo. Esa situación era más frecuente entre quienes habían sufrido interrupciones del tratamiento.
El resultado no significa que los antirretrovirales no estén funcionando. Sugiere algo más complejo: medir la carga viral en sangre puede no reflejar completamente lo que sucede en determinados compartimentos del organismo, como el sistema nervioso central.
Es una cuestión especialmente importante para los estudios que persiguen la remisión o una futura cura del VIH.
AIDS 2026 dedicó una preconferencia específica a la investigación de la cura, con especial protagonismo de América Latina y el Caribe.
El campo ha cambiado notablemente. Ya no existe una única estrategia. Los investigadores estudian el reservorio viral, los mecanismos naturales de control del VIH, los anticuerpos ampliamente neutralizantes, las inmunoterapias, las terapias génicas y diferentes combinaciones destinadas a conseguir que algunas personas puedan controlar el virus sin tratamiento antirretroviral continuo.
Pero Río también sirvió para rebajar expectativas poco realistas. La curación sigue siendo investigación experimental. Los excepcionales casos de remisión prolongada conocidos hasta ahora no constituyen todavía una estrategia aplicable a millones de personas.
La gran pregunta ha cambiado, sin embargo. Ya no es únicamente si es biológicamente posible controlar el VIH sin tratamiento. Ahora se intenta averiguar cómo conseguirlo de una manera segura, reproducible y accesible.
Otra señal del cambio de enfoque fue la creciente integración entre VIH e infecciones de transmisión sexual.
Las sesiones políticas y comunitarias insistieron en otra idea que acompaña a la epidemia desde sus comienzos: el estigma y la criminalización no son problemas secundarios.
Son factores que influyen directamente en la transmisión.
Cuando una persona teme acudir a un servicio sanitario, hacerse una prueba o revelar determinadas prácticas por miedo a ser discriminada o perseguida, la prevención pierde eficacia.
Un análisis presentado en Río documentó 150 casos conocidos de criminalización relacionada con el VIH entre junio de 2025 y junio de 2026 y advirtió de un nuevo crecimiento de este tipo de actuaciones después de varios años de descenso.
Las organizaciones comunitarias alertaron especialmente de la situación de las personas trans, trabajadores sexuales, hombres que tienen sexo con hombres y personas que consumen drogas. Los retrocesos legislativos y sociales pueden alejar precisamente a las poblaciones con mayor riesgo de los servicios de prevención y tratamiento.
Que AIDS 2026 se celebrara en Brasil tampoco fue casual.
El país ocupa un lugar especial en la historia de la respuesta al VIH por su defensa del tratamiento gratuito, su apuesta por el sistema público de salud y su papel en el debate internacional sobre el precio de los medicamentos.
Tedros destacó durante la apertura el liderazgo histórico de Brasil y del presidente Luiz Inácio Lula da Silva en cuestiones como el acceso gratuito al tratamiento, el abaratamiento de los fármacos, la producción de medicamentos y la defensa de los derechos humanos.
En una conferencia dominada por el debate sobre la sostenibilidad económica, Brasil funcionó también como recordatorio de que las políticas públicas pueden cambiar la trayectoria de una epidemia.
AIDS 2026 no ha anunciado el final del VIH. Tampoco una cura inmediata. Pero sí ha mostrado con bastante claridad hacia dónde se dirige la próxima etapa.
La prevención será cada vez más prolongada y personalizada. Los tratamientos tenderán a administrarse con menor frecuencia. La investigación de la remisión y la cura continuará explorando el reservorio, la inmunoterapia y las terapias génicas. La atención al VIH se integrará progresivamente con la salud sexual, las hepatitis, la tuberculosis, la salud mental y las enfermedades asociadas al envejecimiento.
Pero la gran lección de Río probablemente sea otra.
Durante buena parte de la historia del sida, el principal problema fue que la ciencia no tenía respuestas. Hoy ocurre algo diferente. Existen tratamientos capaces de convertir el VIH en una infección crónica, la supresión viral evita la transmisión sexual, la PrEP puede prevenir la adquisición del virus y empiezan a aparecer opciones que reducen drásticamente la frecuencia de administración.
Por eso la pregunta que sobrevoló Río no fue únicamente qué será capaz de descubrir la ciencia. Fue quién podrá beneficiarse de lo que ya ha descubierto. Y esa respuesta dependerá menos de un laboratorio que de decisiones sobre financiación, precios, sistemas sanitarios, derechos humanos y voluntad política.
A cinco años del horizonte de 2030, AIDS 2026 ha dejado una paradoja difícil de ignorar: nunca hemos tenido tantas herramientas para controlar el VIH y, al mismo tiempo, nunca había resultado tan evidente que disponer de ellas no garantiza que lleguen a todo el mundo.
Fuentes consultadas y estudios citados
• International AIDS Society. AIDS 2026, 26th International AIDS Conference. Río de Janeiro, 26-31 de julio de 2026. Programa, sesiones plenarias, conferencias de prensa y documentación científica.
• ONUSIDA. Global AIDS Brief – United to End AIDS, 2026.
• ONUSIDA. Global HIV & AIDS statistics – Fact sheet, datos mundiales correspondientes a 2025.
• Organización Mundial de la Salud. Global health sector strategies on HIV, viral hepatitis and sexually transmitted infections, 2022–2030: 2026 mid-term progress report.
• Naciones Unidas / ONUSIDA. Declaración Política sobre VIH y sida adoptada en la Reunión de Alto Nivel de 2026.
• ONUSIDA. Global AIDS Strategy 2026–2031.
• Sherwood J, Lankiewicz E, Gironda C et al. Measuring PEPFAR disruptions at scale: Results from a 46-country implementing partner survey. PEPFAR Pulse Study, AIDS 2026, abstract 12711.